Dejando la culpa atrás.
Siempre me he considerado una persona que siente mucho, que da de más, que cuida y protege lo que importa y que vive cada situación con mucha intensidad. Mis sentimientos siempre han sido un problema para mi; porque son demasiado fuertes, patéticos y melancólicos. Los recuerdos que me han marcado, los vivo en el presente de una manera muy intensa y no es fácil para mi dejar ir. Lo que sí he aprendido es a dejar ir todo lo que una vez me hizo daño porque también considero que no soy una persona rencorosa, no me gusta vivir con resentimiento ni mucho menos orgullo, por eso siempre perdono y dejo ir.
Las personas que ahorita están presentes en mi vida, saben que una de las maneras más efectivas para aferrarme a este mundo, es recordar y vivir momentos que me marcan de manera positiva. También, saben que encontré un desahogo escribiendo y contando historias desde un punto de inspiración para mi porque aunque algunas de mis historias son ficticias, siempre hay inspiración que he guardado en mi corazón por muchísimo tiempo y eso me ha permitido escribir y transformar mis sentimientos en letras que muy pocos leen. Y siempre me preguntan, ¿Dani pero por que usted está escribiendo sobre esas cosas si ya pasaron hace mucho tiempo? Bueno, tal vez es que nunca pude sacarlas, externarlas y ahora tengo total libertad y comodidad para hacerlo. Yo creo en que todos manejamos las cosas a diferentes ritmos y pues así ha sido mi experiencia.
Por otra parte, no veo que sea infantil o inmaduro la manera en la que yo amo a las personas, porque cuando yo amo a alguien o a algo y las personas que han podido sentir eso de mi parte, saben que es de la manera más pura, fiel y verdadera. Siempre ando buscando cómo hacer sentir bien a los demás, incluirlos y que no sientan lo que es el rechazo, que sientan que hay alguien que de verdad puede ofrecer una amistad verdadera o un amor genuino, porque yo he vivido el rechazo de muchas maneras, porque me han apartado y me han hecho sentir menos, entonces no quiero que nadie que tenga la oportunidad de convivir conmigo se sienta así.
También he aprendido que no todos merecen esa parte de mi, porque cuando no me quería ni un poquito, yo aceptaba cualquier cosa con tal de recibir afecto, así fuera poco o mucho y siempre resultaba lastimada con mis sentimientos hechos añicos. Por eso me tomé el tiempo correcto para sanar y llenar todo ese vacío que solo yo podía llenar, desde el amor, la paciencia, el perdón y la compasión. Entendí que yo no era la que estaba mal, que mis sentimientos por más intensos que fuesen nunca tuvieron la culpa, que mi romanticismo, mi melancolía y nostalgia no tienen nada de estúpido, porque en ellos he encontrado la manera de lidiar con mi manera de sentir y han sido inspiración para mi desahogo y escribir las palabras más tiernas y verdaderas que tengo almacenadas en mi memoria y corazón.
Así que no crean que sentir de más, que vivir el amor intensamente y entregar todo es algo que está mal en ustedes, porque no es así. El problema siempre va a ser la desconsideración y la traición con las que tratan de pisotear todo lo que usted es, siente y piensa. Y sí, debemos tener cuidado a quién le ofrecemos esa parte de nosotros, porque nadie va a cuidar de usted como usted mismo lo haría.
Basta de culpas, basta de pedir perdón por lo que uno siente, basta de evitar que salgan sentimientos guardados, basta de tener que dar explicaciones pero sobretodo, basta de pedir perdón por la persona que usted es. Y con esto no me refiero a sus conductas, porque claramente no somos perfectos y hay conductas que deben ser modificadas. Me refiero a su parte sensible, noble, que ama y recuerda con intensidad, porque todas esas cosas alimentan su alma y se reflejan en la persona bonita que usted puede llegar a ser.
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