Dejando la culpa atrás.
Siempre me he considerado una persona que siente mucho, que da de más, que cuida y protege lo que importa y que vive cada situación con mucha intensidad. Mis sentimientos siempre han sido un problema para mi; porque son demasiado fuertes, patéticos y melancólicos. Los recuerdos que me han marcado, los vivo en el presente de una manera muy intensa y no es fácil para mi dejar ir. Lo que sí he aprendido es a dejar ir todo lo que una vez me hizo daño porque también considero que no soy una persona rencorosa, no me gusta vivir con resentimiento ni mucho menos orgullo, por eso siempre perdono y dejo ir. Las personas que ahorita están presentes en mi vida, saben que una de las maneras más efectivas para aferrarme a este mundo, es recordar y vivir momentos que me marcan de manera positiva. También, saben que encontré un desahogo escribiendo y contando historias desde un punto de inspiración para mi porque aunque algunas de mis historias son ficticias, siempre hay inspiración que he guarda...