TDAH desde mi experiencia (pt.1)
He escrito muchísimo sobre este tema en mis cuadernos, para monitorear mi rutina, mi comportamiento, mis mañas (manías) y para estar consciente de lo que detona ciertas cosas.
Nunca me atreví a escribir sobre esto en el blog porque hay demasiadas ramificaciones, todas las personas lo vivimos de diferentes maneras y aunque haya muchas similitudes, no todo es igual para los demás.
Toda mi infancia, adolescencia y parte de mi adultez se basó en “tener un cerebro perezoso”, donde mi bajo rendimiento en cosas que no me interesaban se catalogaba como pereza, donde mi foco de concentración siempre se vio más alto dibujando, escribiendo, leyendo, pintando y no en una ecuación de matemáticas. Y así fue en todo, tanto en tareas simples del hogar, como aprender algo nuevo para un examen.
Y no es que justifique mi bajo rendimiento con un trastorno de déficit, es simplemente que no está normalizado en muchas áreas de la sociedad. Inclusive en los centros educativos donde se supone que es donde se puede trabajar mejor, muchos son ignorantes en el tema.
Volviendo a las características más relevantes que he notado en mi, hay una muy peculiar y es mi manera de organizar las cosas, tanto en mi cabeza, como en físico pues el orden que haya si puede alterar el producto. Ejemplo, si tengo una rutina preestablecida, por ningún motivo puede cambiar, porque puede llegar a ser un caos total. Ahora bien, con la medicación y tres años en terapia, he aprendido a manejar estas situaciones, porque sé que las cosas pueden cambiar y que no todo puede ser como lo planeé. Ahí entra la palabra “perfección” la cual he notado en muchas personas con este trastorno y es que queremos que todo sea perfecto y si no es así, si no cabe en esa línea, puede llegar a ser el peor día o la peor situación.
Y es que hay tantas características atadas y satanizadas también, que por eso creo yo que la sociedad no empatiza mucho con esto. Porque en la parte laboral, su desempeño como colaborador, puede verse afectado por su forma de planear sus tareas, por los focos de desconcentración y porque es muy fácil para nosotros perder el interés en algo que estemos realizando. Así como en los centros educativos, donde muchos profesorxs no comprenden al cien por ciento que todos aprendemos a diferentes ritmos, de diferentes formas y a diferentes tiempos y lastimosamente no contamos con un programa de estudios donde exista la diversidad, donde no se comprende la neurodivergencia y donde una nota mala de matemáticas define su capacidad académica.
¡Pero no! No todo es malo. Hay “perks” en tener una cabecita tan múltiple. Cuando nos gusta algo, es porque de verdad nos gusta y nos apasiona. Cuando le demostramos amor a alguien, es porque es el amor más verdadero que se pueda estar sintiendo, cuando nos interesa algo le ponemos toda nuestra atención y se crea un híper foco de concentración que a nivel cerebral (según mi psiquiatra) es impresionante. Y si quieren saber si nos sentimos cómodos estando con un grupo de personas o con una sola, vamos a interrumpir cada segundo la conversación, porque nos emocionamos y estamos en nuestra zona de comodidad. Lo mejor de todo es que nunca se van a aburrir, porque con nuestras manías tienen para reírse un rato, yo por ejemplo, me duermo con la manita enroscada entre el cuello y la cara, me muerdo el labio y me toco la oreja para dormir, me gusta dormir con un pie o la mano pegada en la pared, porque la sensación fría me trae calma y satisfacción. Es un mundo muy grande, ramificado en muchísimas cosas, tanto buenas como malas. Lo importante es saber reconocer y separar lo que está pasando a nivel químico en nuestro cerebro y lo que somos nosotros, porque a fin de cuentas yo he mejorado porque he puesto de mi parte y en los momentos donde la depresión se detona (que es otra característica común del TDAH) trato de combatir lo que ya sé que he derrotado muchísimas veces.
Más empatía, más terapia, más amor y sobretodo, respeto.
Habrá parte 2 ✨
Comentarios
Publicar un comentario